Ella caza frases. Se sienta en su balcón y espera. De pronto aparecen tres o cuatro y tiene que apurarse para que no se le escapen. Las atrapa con una red finísima y luego las suelta sobre la hoja. No las diseca, ni las fija con alfileres. Ellas vuelan hasta cansarse y encontrar su sitio. Algunas frases se van porque no hallan acomodo entre los huesos del papel. Otras se montan al lomo de su ojo, o de su oreja, y se pelean por ser la frase final de la historia que ella ha ido tejiendo. Pero el final no llega nunca.
Lo cierto es que a ella no se le miran intenciones de acabar su historia. La gente que pasa y la ve en el balcón observando alguna partícula invisible en el aire dice que está un poco loca; los magos y viejos aseguran que lo suyo es esperar, cazar frases, soltarlas sobre el papel, verlas revolotear o huir, y tejer con sus ruidos y silencios una porción del infinito.




9 opinaron:
¡Ah qué Penny!
Se me hace que por ahí conozco a alguien como ella...
Al igual que ella,tú eres cazadora del arte milenario y dificil del lenguaje que poco a poco vas asentando en bellas historias.
Espero que tu paciencia sea infinita y tu legado milenario.Un abrazo de A.Dulac
Y ella escribe una historia prodigiosa, con frases prodigiosas mejor hilvanadas que la red para cazarlas.
La magia se produce cuando las frases cobran forma de aves, alocadas zancudas que surcan el cielo y descienden para solazarse fecundando el lago inmaculado que es un folio en blanco.
Preciosa tu Penélope, Mónica.
Un abrazo entero.
Cuando las palabras quedan fijas en el papel pierden su alas.
Pero las recuperan al ser pronunciadas.
Pequeños y generosos sacrificios de nuestras pequeñas hermanas.
lo que hace es maravilloso, sin duda alguna.
un dulce saludo.
Hola, Mónica.
Conseguiré una red y también me sentare en el balcón. No importa que la gente, me tilde de loco.
¡Fabuloso relato!
-- quisiera ser un ulises que con la pluma derrotara monstruos y regresara el suenio de esa penelope, lastima que Itaca este tan lejos, saludines moni!
esta Penélope me ha recordado a la Tara que yo conozco, a la Tara que se dedica a ir anotando como una histérica las paranoias orales de algunos de sus contertulios.
Tara no está instalada en el balcón, Tara recorre el mundo entero y las palabras la asaltan desafiando sus pérdidas de memoria recalcitrantes.
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