julio 02, 2009

Dos jardines

© Amitla Cuacuas Marcué

Para Amitla

Todas las tardes, el pintor sale a regar su flor. Le platica todo lo que hizo durante el día, a quién se encontró, cuáles son sus planes, en qué cuadro está trabajando. Una vez por semana le limpia sus hojas, le remueve la tierra, le pone un poco de abono. Sólo tiene una flor. Dos árboles y unos arbustos la acompañan. Su vecino, en cambio, tiene muchas. Le gusta la variedad y la abundancia: rosas, jazmines, azucenas, margaritas. En su jardín, apenas hay espacio para caminar entre todas ellas. Tres aspersores las riegan y un jardinero las poda dos veces por semana. De vez en cuando, el vecino elige una como favorita. La cuida y riega él mismo, la acaricia a diario, le da brillo a sus hojas. Nunca le habla. Cuando se ve más hermosa, la corta y se la lleva a su casa. Las otras, desde la ventana, la ven con envidia morir en un esbelto florero de cristal.

El pintor, en nueve cuadros y muchísimos bocetos, tiene en casa a su flor. Le gusta pintarla en diferentes momentos del día, capturar su color en primavera y su madurez en temporada de lluvias. El vecino, que no entiende por qué sólo una habiendo tantas y tan bellas, le ha pedido retratos de las suyas. El pintor ha puesto sólo una condición: que elija aquella que podría ver todos los días sin aburrirse, aquella cuya belleza y encanto fueran suficientes para llenarle de color todas las noches. El vecino lleva meses decidiendo. Corta varias, las observa desde su cama, al amanecer, antes de dormir, y cuando elige una, ya está a punto de morir, y vuelve a su búsqueda.

Llega el invierno. Dicen que será el más frío en décadas. El pintor remueve la tierra, pone abono especial y cubre la flor. Ha creado un pequeñísimo invernadero en su jardín. El vecino prefiere buscar el sol: se va a pasar las vacaciones a la playa.

Caen heladas, granizo. Todos las mañanas, el pintor sale a ver su flor, quita el hielo, renueva el plástico que la cubre. Triste, impotente, observa al jardinero del vecino recoger hielo y cadáveres dos veces por semana.

A su regreso, el vecino encuentra sólo matorrales y hojas podridas en su tierra. No le queda ni una sola flor. Ni siquiera en un cuadro.

16 opinaron:

Gabriel U.S. dijo...

Que bello texto. Me recuerda al Principite conversando con su amada rosa. Un derroche de imágenes encantadoras y de gran belleza poética.
Muy buen espacio.
Estaré de visita con frecuencia.

Canalla dijo...

Auch! Y así somos de necios los humanos, sin lugar siquiera para la autocompasión. De ese pintor se puede aprender más que de cien tratados sobre la filosofía del ser.

Yreal dijo...

Me gusta, por su sencillez y profundidad.Por la metáfora y la realidad.

un abrazo

Y

Juanjo dijo...

Un cuento precioso, Mónica, y un gusto volver a verla.

A.Dulac dijo...

Si sólo utilizamos sin dar encontraremos al invierno en nuestra vida.Me gusta Mónica por lo que sugiere y lo que dice.
Gracias por tu visita a mi blog,un saludo de A.Dulac

Antígona dijo...

Un cuento hermoso por verdadero, Escuer, pues para mí define perfectamente en la contraposición que planteas entre los dos jardines lo que significa una verdadera relación amorosa frente a una relación puramente instrumental. Las relaciones amorosas requieren tiempo, dedicación, cuidados, y por ello reclaman una cierta exclusividad. Pero al tiempo son también las que mayores compensaciones pueden ofrecernos, y no sólo por el acto mismo de la entrega, por todo lo que con él se aprende y se crece, sino porque esa entrega, si tenemos suerte, siempre acaba dando sus frutos.

El problema es que el vecino retrata en mayor medida cómo solemos comportarnos los seres humanos. Hasta qué punto nos resulta difícil saber lo que queremos y encontrar algo con lo que comprometernos realmente.

Un beso

jota pe dijo...

-- moni, que delicia deshojar esta margarita, una de esa flores sin espinas y con un perfume que vale por un ramillete

TORO SALVAJE dijo...

Me gusta el cuento, aunque la moraleja que desprende no tanto, me explico, me gusta como escribes, creo que lo haces muy bien, pero en concreto, en este relato parece que sea mejor lo artificial, la pintura, que lo natural ya que las pinturas son inmunes al ciclo natural de la vida, bueno, probablemento no quisieras decir eso, pero es lo que he interpretado yo.

Besos.

losnaufragosdelarca dijo...

El principio parece mucho más promisorio, y al final se va por un camino muy fácil

Beauséant dijo...

hummmm.. sin embargo las flores siempre acaban saliendo, aunque el invierno acabe con ellas.. quizás el pintor se esfuerza en conservar y cercar algo que se escapa a su control..

vaya, me has dado que pensar :)

so dijo...

Hermoso! y concuerdo 100% con canalla :)

Clarice Baricco dijo...

El pintor fue sabio.
He disfrutado esa combinación del arte con tus sentires. Se siente.


Abrazos.


Graciela

Tara dijo...

lee lo que el pintor hace con su flor me ha recordado a lo que yo hago con mi madre.
como no sé dibujar y para hacer fotos también hay que estar inspirado, yo prefiero ir a verla todos los días, a diferentes horas, sufrir o disfrutar sus diferentes estados de ánimo...
me gustará recordarla así, de a poquito, por si algún día me falta.

gracias por el cuento!!

mi nombre es Alma dijo...

Una flor no sería flor si no tuviera una vida efímera.

Saludos, estupendo texto

Raúl dijo...

Una nueva versión de la fábula de la hormiga y la cigarra.

Eternity dijo...

Primera vez que por accidente descubro tu sitio... Me ha parecido muy hermosa tu prosa, sencilla y directa. Al igual que Gabriel U.S., puedes contar con mi asistencia por este lugar sin falta :)