agosto 30, 2008

Pesadilla



Mi amigo Gabriel Martínez Meave, al leer mi sueño, recordó este cuadro de Johann Heinrich Füssli. The Nightmare.

agosto 27, 2008

sueño de una noche de verano

sueño que escribo. que escribo que sueño. una voz conocida que jamás he escuchado, que he querido escuchar hace tiempo y ahora, en el sueño, aparece muy cerca, como si estuviera aquí desde siempre, dice que me quiere, que lleva buscándome años. y esa voz se hace labios, y dientes, y espesas melodías en mi lengua. de pronto, no sé cómo, se vuelve risa, carcajada que desinfla labios, dientes, lengua. entonces, río yo también. y el aire se me cuela por todas partes como un viejo tango en los huesos, como la voz que me abraza dentro, que se hace nada cuando el ronquido del asno me despierta.

agosto 25, 2008

Cazadora

La mano de él resbala por el hombro, baja. Le dice todo lo que no escucha de la boca, de los ojos cerrados. Ella lo espera, sin prisa, sin demasiada sed: sabe que una historia siempre crece dentro de las uñas, sobre los nudillos rotos. Y no hay mucho qué hacer si uno se suelta. Si se deja ir por el cuerpo del otro, por los canales de la piel que hunde las costillas; hasta que uno deja a la lengua del otro jugar con el ombligo, iniciar el angostísimo camino al infinito.
Pero él la suelta de pronto, justo cuando ya descendía por el pecho izquierdo. No dice nada, no necesita decir nada, ella lo intuye: le duelen, como a ella, las yemas de los dedos, las coyunturas; ha desgastado su huella en tantas historias que teme quedarse sin laberintos en la punta de la piel, quedarse sin piel, sin carne. Ella lo abraza, le dice que no importa, que tal vez, algún día. Porque sabe que ella será quien lo busque de nuevo, y lo dejará cazarla sin que él se de cuenta, sin que él le perciba la sed, las ganas de hundirse en ese pecho muchos años. Lo siento, dice él. Y ella también lo siente, pero sabe. Volverá para ser buscada, atrapada por él y, entonces, la mano bajará, y ascenderá, y le dibujará sus laberintos en la piel hundida. Aunque tenga que aparecer muchas veces, muchos días disfrazada de azar y coincidencia.

agosto 21, 2008

sigo

sola escribo. no hay nadie en la habitación de junto. sólo el sol con su lengua de llama a punto de extinguirse. en la ventana, una paloma sin alas mira la rama que nunca alcanzará. es tarde para barrer los patios, la terraza, el cielo sucio. sola sólo sigo. el camino está aquí dentro. donde nadie transita. ni siquiera el reloj inexacto del recuerdo. ni su puño. ni el eco de los pies que me tendieron al piso. los zapatos, en el cable, se han rendido hace tiempo: son un largo rosario que nadie reza. los ruidos de la calle caen aquí dentro. multitudes que no puedo deletrear, seguir el ritmo, pegarme a la banda sonora de su oleaje. sola sólo. casi sin tinta. con la música de un árbol a tientas. sobre el aire. sigo.

agosto 18, 2008

Nado libre

Una brazada, dos, respira. Las piernas llevan el ritmo de la danza horizontal que Ania emprende en la larga pista de agua. La alberca está casi vacía. El sol, recién levantado, se filtra por las ventanas, flota como un manto de lentejuelas, llega hasta el fondo. Sin prisa, Ania atraviesa las enormes dagas de luz y las ve estallar en diminutas burbujas bajo las manos: luciérnagas líquidas que acarician y acompañan su movimiento, su baile solitario. Cada milímetro cúbico que la toca le parecen labios, dedos traviesos, dientes. Una brazada, dos, respira. Avanza sin rumbo, sin propósito. Por primera vez en diez años, las orillas no son meta, sólo el muro necesario para impulsar el cuerpo. Ya no entrena, no lo hará más. Y sin embargo sabe que ha nadado más que nunca. Sólo por hacerlo. Sin cronómetros, sin los gritos ni los pies que desde afuera la han perseguido todas las mañanas. Hoy no escucha a nadie, sólo el corazón que marca puntual el ritmo de su gozo. Ayer lo perdió todo: la medalla, el entrenador, las ganas de competir, la virginidad. Nunca, ahí dentro, se había sentido tan libre, tan desnuda. No sabe cuánto tiempo ha nadado. Cuántos kilómetros. El agua no ha borrado aún el olor del cuerpo que hace unas horas la dejó temblando: lo siente ahí, abrazándola en las mil lenguas líquidas que la tocan. Los listones de luz toman la forma del hombro, de las piernas, le ciñen la cintura, bailan con ella, le visten de día la carne trasnochada.

A Michael Phelps y sus ocho sonrisas en el pódium
(Ni modo, después de días de resistencia, caí ante la fiebre olímpica...)

agosto 10, 2008

Voz del cuerpo

La boca de mi sexo busca en el aire algún aliento. Intento distraerla pensando en la canción que acompaña las alcohólicas sonrisas que amueblan el bar, pero el ritmo de la música acelera su pulso. Palpita. Me obliga a mirar de mesa en mesa, de cuerpo en cuerpo. Un hombre me sonríe al otro lado de la barra. Levanta la copa. Un suave tambor golpea mi carne por dentro y la enrojece. Él comprende, se pone de pie y avanza hacia mí. Mis ojos fijos en las faldas y pantalones abultados que una rumba zarandea pretenden ignorarlo. Pero el hombre no se detiene; parece adivinar la contienda que me aturde. Se acerca. Algo me dice. Puedo oler el tequila que navega por su sangre. Como una llama sobre licor derramado, mi sexo corre por toda la piel y la enardece. Yo intento ocultarlo pero mis álgidos gestos no son suficientes: sin mucho esfuerzo, él toma mi mano y me conduce al rectángulo de duela donde decenas de pies se arrebatan el espacio. Los acordes del piano nos sueltan los pasos. La clave cubana mueve mis piernas sincopadas, las suyas me siguen con un ritmo perfecto. Mis hombros se relajan. Él se aproxima. Su mano, con una firme caricia circular, sostiene mi espalda que se empeña inútilmente en alejarme de su pecho. La pena y la razón me abandonan en un golpe de pailas. Un merengue ondula nuestras cinturas y las empalma. Mi sexo siente en el suyo el latido del bajo, babea, me ensordece. Un bolero nos cambia el ritmo: mi cuerpo parece mudarse a su cuerpo en la lentitud de un giro. El hombre me mira y sonríe. Le pregunto su nombre. Él acerca sus labios, me deja un hilo de letras en la boca, el sabor de su voz, y se retira. Lo veo salir del bar solo, sin prisa. Una lágrima ácida me escurre entre las piernas.

Creative Commons License
This work by Mónica Sánchez Escuer.

agosto 08, 2008

Graffitis: ¿arte callejero, expresión subversiva o vandalismo?

Aprovechando el tema del cuento, me gustaría conocer su opinión sobre las pintas callejeras. Como saben, el graffiti surgió como un medio de expresión popular en el Imperio Romano y, desde entonces, ha generado múltiples controversias. Hoy e día hay una amplia variedad de estilos, sin embargo, me parece importante distinguir algunas diferencias:
1. El taggin, es el más común y consiste en escribir la firma, etiqueta o seudónimo de quien lo creó, o bien, el nombre del crew o grupo al que pertenece. Las letras generamente son abombadas o estilizadas. Se pintan casi siempre en lugares prohibidos y su "valor" estriba en el grado de dificultad para su realización.
2. El scratch o estilo "sucio" que se hace con un esmeril, piedra o cualquier objeto filoso. Los vemos en las ventanas del metro de la ciudad de México, por ejemplo.
3. La vieja escuela, el old style como le suelen llamar a las pintas figurativas donde se observan rostros, personajes, animales reales y fantásticos, etc. Por el tiempo que se requiere para su realización, generalmente estas pintas se hacen en murales "legales" con permiso del dueño del espacio, o bien en lugares muy poco vigilados.
4. Las pintas o pintadas políticas son aquellas que usan frases o temas con contenidos sociales y políticos. Para muchos grafiteros, estas pintas no son "graffitis" como tal.
5. Arte callejero. Si bien cualquier pinta, para muchos, es considerada arte popular callejero, esta denominación se usa principalmente para las "pegas", "pegatinas", calcomanías o esténciles realizados previamente y pintados o pegados en postes de luz, casetas de teléfono, etc.
Sobre estas bases, díganme ¿qué opinan de los graffitis, pintas políticas, murales y firmas o tags regados en su ciudad?


(Si alguien se pregunta ¿por qué el interés? y quiere conocer mi verdadero rostro, no debe perderse la entrevista que me hicieron:
http://www.youtube.com/watch?v=e8sndvuI_ik )

agosto 03, 2008

Graffiti realista

“Esa pinta si me pasa, man. Te quedó chida. Es más, chidísima. No como la que hiciste en el periférico que te salió toda chorreada. Ese rojo del tag está de poca. La neta, yo no quería que entraras a nuestra crew. Para estar en la KTK tienes que ser muy hombrecito. Y yo te veía tan niñita, y tus letras tan bombitas. Creí que a la primera bronca con la tira te nos ibas a rajar. Que a la hora de los catorrazos ibas a salir por patas. Pero ya ves, sorpresas te da la vida. Pasaste la prueba de fuego. Y una más gorda de lo que imaginaba. Yo le decía al Krudo: Éste no llega a las doce, como cenicienta. Pero no, man. Aquí estás. Las dos de la madrugada y casi tan enterito como yo. Y tan flaco que te ves. Quién hubiera dicho que pelearas tan bien. Lo que no entiendo es qué les pasó a esos batos de la VE. ¿De dónde habrán sacado que éste era su territorio? Si los grafiteros hacemos pintas donde se nos de la gana y nadie pelea. Pinches güeyes. Pero, dime, ¿cómo empezó todo?, ¿qué te dijeron? Yo sólo vi que se te echaron encima. ¡Son un gang y no un crew! Ahora comprendo la mitad de su nombre. VE. Violentos Escritores. ¡Escritores!, ¿pasas a creer? Si sólo saben rayar al prójimo. En cambio tú si eres un artista, me cae. Al menos pudiste terminar tu obra. Mírala, te quedó chingona. Desde hoy, Kutter, eres un KTKato. ¡Bienvenido al crew! Qué rojo tan chido, Man. ¡Órale! ¿ya viste? En tu tag hay un cacho de dedo embarrado”