Como todos los martes, Ximena llega al café, pide un capuchino, abre su libro y espera a Fernando. Al primer sorbo, escucha a una mujer a sus espaldas:
Y tan delgado, tan escuálido. No sabes. Quien me hubiera dicho que el latinlover resultara un don juan de quinta. Parece que sale con más de seis, y la más joven es su noviecita fija. Si ya me lo decía la Lourditas: un hombre, entre más mujeres busca, más chiquito, más poquita cosa resulta. Y no es que el tamaño me importe, no. La anchura sí, un poco más, te confieso. Pero de nada sirve el volumen si no hay firmeza y madurez. Sabiduría en el movimiento. La combinación perfecta. ¿O no? Pero claro, estos que saltan tan rápido de cama como de sueños, qué van a entender de sabiduría. Esa no se adquiere con variedad sino con interés en la calidad. ¿Por qué crees que terminan con jovencitas a quienes les doblan la edad? ¡Por pura ignorancia! De ambos, claro. Ellas, que no conocen, creen que ellos realmente saben, y ellos que tampoco conocen, creen que enseñan. Y lo más divertido es que se sienten orgullos de haber atrapado una difícil presa, cuando no hay cosa más fácil que conquistar a una veinteañera. Dímelo a mí, que anduve con un cuarentón en mis años mozos. ¡Difícil es conquistar el corazón y el cuerpo de una mujer hecha y derecha! Pero siempre nos queda una pequeña satisfacción: en cuanto las chiquillas aprenden un poquito más del mundo o encuentran algo más interesante, los abandonan. Vas a ver que la noviecita, la tal Ximena, en cuanto se entere de la clase de fichita que es Fernando o pruebe otros tamaños, lo va a dejar más rápido que de prisa.
junio 29, 2008
junio 17, 2008
Fantasmas
Llega a Nueva York temprano. Con la dirección comprimida en el puño y un mapa mal doblado, Fiona emprende la búsqueda.
No, aquí no vive Paul Auster, le dice el hombre y se preseta: mi nombre es Daniel Quinn. Después de dos copas y seis preguntas, sabe que él no la ayudará a encontrar a su escritor, pero las sonrisas que esos labios duplican ya en su boca bien merecen el silencio.
La tarde cae, como su miedo, su vestido, el vino por las gargantas.
Al despertar, Fiona no reconoce la ventana, el espejo redondo, la cama minúscula. Tampoco el cuerpo que sangra a su lado: no es Daniel Quinn, ni Paul Auster. Asustada, sale a la calle abrochándose la blusa, ajustando la falda. Camina aprisa por más de cinco cuadras antes de darse cuenta: las calles no son calles de Nueva York.
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Sexo y Látigo
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22:17
junio 15, 2008
Lumínico / Mar muerto
Aquí les dejo mi poema Mar Muerto en Lumínico, un concierto de flautas, percusión, electrónica, poesía y video que presentamos en el festival Música y Escena mi hermano Alejandro, Rodrigo Sigal, el percusionista hindú Ganesh Anandan, José Luis García Nava en el video y yo. Vean la flautita de bolsillo de mi hermano!!!
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Poemas
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20:04
junio 08, 2008
Los porqués
Aunque este blog no es un blog, algo debe tener de bitácora. Por eso inauguro una nueva sección: Los porqués.
Si he de resumir en dos palabras el móvil que me ha conducido a este callejón de la escritura serían, justamente, "por qué". Así, separadas y con acento. En el medio, el ceño fruncido que llevo como marca indeleble de la duda constante. Esta sección nace, así, de mi obsesivo (imposible y esquizofrénico) afán de preguntarlo todo, querer saberlo todo. Principalmente sobre mí. (No es que sea nada especial, sólo que aquí, en este cuerpo kilométrico y con esta mente chorreada, me tocó vivir).
Pero no se asusten, no serán debrayes profundos ni choros místicos, ni filosóficos. No daré lecciones de vida, ni los abrumaré con mis encarnadas opiniones políticas. Más bien estas entradas serán un intento de responder algunas preguntas que me han hecho o están a punto de hacerme la horda secreta de mis seis lectores. Preguntas como ¿por qué no soy Mónica Sánchez? o ¿por qué se me da lo hiperbólico hasta en las orejas? o bien ¿por qué no se encuentran mis libros ni en el librero de mi casa? Aquí, pues, encontrarán algunas respuestas a estos cuestionamientos trascendentales que, estoy segura, a muchos les han quitado más de medio minuto de sueño. Queda, también, abierta la puerta para lo que siempre han querido y no se han atrevido a preguntar.
Si he de resumir en dos palabras el móvil que me ha conducido a este callejón de la escritura serían, justamente, "por qué". Así, separadas y con acento. En el medio, el ceño fruncido que llevo como marca indeleble de la duda constante. Esta sección nace, así, de mi obsesivo (imposible y esquizofrénico) afán de preguntarlo todo, querer saberlo todo. Principalmente sobre mí. (No es que sea nada especial, sólo que aquí, en este cuerpo kilométrico y con esta mente chorreada, me tocó vivir).
Pero no se asusten, no serán debrayes profundos ni choros místicos, ni filosóficos. No daré lecciones de vida, ni los abrumaré con mis encarnadas opiniones políticas. Más bien estas entradas serán un intento de responder algunas preguntas que me han hecho o están a punto de hacerme la horda secreta de mis seis lectores. Preguntas como ¿por qué no soy Mónica Sánchez? o ¿por qué se me da lo hiperbólico hasta en las orejas? o bien ¿por qué no se encuentran mis libros ni en el librero de mi casa? Aquí, pues, encontrarán algunas respuestas a estos cuestionamientos trascendentales que, estoy segura, a muchos les han quitado más de medio minuto de sueño. Queda, también, abierta la puerta para lo que siempre han querido y no se han atrevido a preguntar.
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Los porqués,
Yoyismos
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13:26
¿Por qué éste no es un blog blog?
Podría dar un sin fin de respuestas eruditas y sé que muchos de ustedes dirían, lo sentimos, digas lo que digas, éste es un blog. Porque blog puede ser casi cualquier cosa. Pero si nos atenemos a la Real Academia Wikipedia, un blog es, básicamente, un diario: “El término blog proviene de las palabras web y log ('log' en inglés = diario). El término bitácora, en referencia a los antiguos cuadernos de bitácora de los barcos, se utiliza preferentemente cuando el autor escribe sobre su vida propia como si fuese un diario, pero publicado en Internet”.
Y yo ODIO los diarios. No sé por qué, la verdad. Desde chiquita. Prefiero las historias falsas, la mentira y la verdad campechaneadas. Y como en toda autobiografía hay mucho de ficción y toda ficción está salpicada (o plagada) de biografía, éste espacio de historias fugaces y búsquedas ficticias está y estará, irremediablemente, repleto de yoyismos.
Y yo ODIO los diarios. No sé por qué, la verdad. Desde chiquita. Prefiero las historias falsas, la mentira y la verdad campechaneadas. Y como en toda autobiografía hay mucho de ficción y toda ficción está salpicada (o plagada) de biografía, éste espacio de historias fugaces y búsquedas ficticias está y estará, irremediablemente, repleto de yoyismos.
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13:22
junio 05, 2008
Desde la carne
¿Por qué se me da lo erótico?
Pensar, leer, escribir desde la carne que nos forma (o deforma, según se vea), no sólo es deseo, ideal creativo, fin vital, es la ineludible condición humana de observar y vivir el mundo con el aliento del cuerpo y su singular mirada.
Bajo esta premisa, me anecio: insisto en navegar al filo del abismo, sobre aguas revueltas que todos rehuyen. Busco ese lenguaje que Barthes imaginaba "tapizado de piel", ese que envuelve, roza, seduce los ojos de un lector absorto. Bailo, camino, nado, derribo con las piernas el aire no sólo por ejercicio, disciplina corporal. Lo hago más por el goce de sentir mi cuerpo vivo, acariciado por mil lenguas de agua, por el gusto de desafiar sus propias dimensiones, violentar el corazón que fácilmente se me arrulla. Lo hago, como hago este escrito, como derramo palabras, heridas, sustancia, como descifro la música, las estructuras, las fórmulas, los textos ininteligibles, como escucho el adagio de Barber o me siento en el balcón para ser tocada por el sol de la tarde: por el placer de hacer lo que me da alegrías momentáneas, lo que me lleva a esas frecuencias altas de las que hablaba Nieztzche y que creemos nos hacen mejores seres, donde nos movemos con gusto y mayor libertad, donde crecemos, sentimos que vamos hacia algún punto, ese lugar que está más allá del hedonismo, que Paz llama nuestra ración de paraíso.
Pensar, leer, escribir desde la carne que nos forma (o deforma, según se vea), no sólo es deseo, ideal creativo, fin vital, es la ineludible condición humana de observar y vivir el mundo con el aliento del cuerpo y su singular mirada.
Bajo esta premisa, me anecio: insisto en navegar al filo del abismo, sobre aguas revueltas que todos rehuyen. Busco ese lenguaje que Barthes imaginaba "tapizado de piel", ese que envuelve, roza, seduce los ojos de un lector absorto. Bailo, camino, nado, derribo con las piernas el aire no sólo por ejercicio, disciplina corporal. Lo hago más por el goce de sentir mi cuerpo vivo, acariciado por mil lenguas de agua, por el gusto de desafiar sus propias dimensiones, violentar el corazón que fácilmente se me arrulla. Lo hago, como hago este escrito, como derramo palabras, heridas, sustancia, como descifro la música, las estructuras, las fórmulas, los textos ininteligibles, como escucho el adagio de Barber o me siento en el balcón para ser tocada por el sol de la tarde: por el placer de hacer lo que me da alegrías momentáneas, lo que me lleva a esas frecuencias altas de las que hablaba Nieztzche y que creemos nos hacen mejores seres, donde nos movemos con gusto y mayor libertad, donde crecemos, sentimos que vamos hacia algún punto, ese lugar que está más allá del hedonismo, que Paz llama nuestra ración de paraíso.
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22:31
Ojos sujetos
No oigo lo que dicen las mujeres que me rodean; sólo veo unos labios que a lo lejos pronuncian mis palabras, las que imagino, las que busco. Dejo de mirar. Intento atender la conversación, pero es inútil; sé que él me está observando. Veinte pasos y treinta personas nos separan; cien voces, hielos rayando las copas, risas que inflan vestidos y tuercen corbatas de moño. Una de las mujeres se me acerca, me dice algo al oído, creo que es un nombre, me aprieta el brazo y apunta el suyo señalando a alguien. Me obliga a mirar. Siento que mil manos me recorren en dos segundos al verlo. Él sonríe y ya no me suelta la mirada. La mujer sigue hablándome pero no la escucho: el ruido punzante de mi cuerpo me aturde los oídos. Por fin la señora se desprende de mi brazo. Él intuye mis pasos y se adelanta justo en el momento en que decido caminar sobre la cuerda que me extienden sus ojos. Estamos cerca, tres metros tal vez. Sin los indicios de algún gesto, con la vista tendida sobre un mismo riel, cambiamos el rumbo: tu mano ya está sobre la mía y juntas reman por el aire buscando un rincón, una sombra. Las voces, los ruidos, apenas se oyen, sólo tu respiración y la mía resuenan. De pronto das un brusco giro y me escondes detrás de una puerta. Quiero preguntarte tantas cosas, saber todo de ti, pero sorprendes a mis labios abriéndose: te hundes en mi boca, muerdes mi voz y descubres que todas mis aguas te esperan revueltas. Tu mano corre firme por mi talle, mi pecho, mi hombro; desciende por mi brazo, se detiene, me aprieta. Una voz me sacude el cuerpo:
⎯Mónica, ¿me está escuchando? Como le decía, aquél es Edgardo, mi esposo.
Él, al otro lado del salón, la saluda sin mirarla: sus ojos, como la mano de su mujer, aún me sujetan.
⎯Mónica, ¿me está escuchando? Como le decía, aquél es Edgardo, mi esposo.
Él, al otro lado del salón, la saluda sin mirarla: sus ojos, como la mano de su mujer, aún me sujetan.
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21:52
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